lunes, 11 de agosto de 2008

El columnista se quinceó

Entre los cuantificadores del castellano hay dificultades y errores frecuentes, como el que encontramos en un reciente artículo sobre “el quinceavo inca”, en que observamos una vibrante muestra de descuido lingüístico (quinceavo en lugar de decimoquinto), cuando ataca con lenguaje feroz y creo que injusto a la alcaldesa de la ciudad, y es que a menudo los que más critican y más fastidian a los demás se olvidan de criticarse a sí mismos.

Los numerales cardinales se escriben en una sola palabra: diecinueve, veintiocho, pero por separado a partir de treinta y uno. Los ordinales se escriben por separado a partir de vigésimo primero. El primer elemento siempre pierde el acento de intensidad. Los numerales ordinales indican el orden en que se sitúan las personas o cosas (primer capítulo, sexto aniversario...) y son variables, por lo que concuerdan siempre con el sustantivo, aunque normalmente sólo lo hacen en el último de sus elementos: vigésimo cuarta oportunidad. Se apocopan: primer(o) y tercer(o).

Algunos presentaban formas en la época medieval que suenan hoy arcaicas: onceno, nono, quinceno, de donde proviene quincena. La mayoría de las formas fueron fijadas por la norma culta castellana especialmente a partir del Renacimiento, pero no en todos los casos, pues en lugar de decir decimoprimero y decimosegundo, es corriente usar las antiguas formas (sentidas aún hoy más correctas): undécimo y duodécimo. Es a partir del 13º cuando se forman siguiendo el uso latino: décimo tercero, décimo cuarto... vigésimo, vigésimo primero..., trigésimo (30º), cuadragésimo (40º), quinquagésimo (50º), sexagésimo (60º), septuagésimo (70º), nonagésimo (90º), centésimo (100º), duocentésimo (200º), milésimo (1000º); etc. Como son formas cultas de fonética a veces algo extraña, los hablantes los transforman, confunden o acortan a voluntad.

El error que se presenta aquí es frecuente y antiguo, puesto que decimos octavo y no ocheno: utilizar los fraccionarios en lugar de los ordinales, quizás por ser más sencillos en su construcción. Se dice equivocadamente catorceavo en vez de decimocuarto, quinceavo en vez de decimoquinto, etcétera. Pero no se trata de la quinceava parte de una cosa, sino el decimoquinto lugar en un orden. El error se repite en todos los dialectos hispánicos y dependiendo de la instrucción y del acceso a la lengua culta los hablantes son más o menos conscientes de esta norma, aunque algunos presumen de ignorar todas. La torpeza hace caer a muchos:

"Aníbal aprovechó que un ascensor se detenía para colarse.
-Al veinteavo, García -dijo al ascensorista (...)" [1]

Julio Ramón Ribeyro hace hablar así al protagonista de "Espumante en el sótano", un pobre funcionario que ha visto prosperar a su antiguo compañero de la mesa de partes, y sube a las oficinas de los altos cargos del Ministerio de Educación mientras él sigue siendo el señor que hace copias fotostáticas en el sótano, luego de veinticinco años de servicio. Aníbal Hernández habla con la impericia propia de "un hombre humilde" que invita a los compañeros, para celebrarlo, a un "modesto ágape" que no es más que una copa de espumante.

Por fortuna en castellano sólo se emplean con alguna frecuencia los ordinales justamente hasta el vigésimo. A partir del décimo, además, puede usarse los cardinales del mismo modo: puesto decimoséptimo es igual que decir puesto diecisiete. Así que el columnista pudo decir: quinceno inca o inca quince si es que no quería decir, como se debe decir, decimoquinto inca.

El comentarista se quinceó en esta ocasión (y volvió a "quincearse" en el párrafo segundo). De paso que quincearse es un peruanismo que sólo está registrado en el Vocabulario de Miguel Ángel Ugarte Chamorro (1997), aunque con las acepciones 'amilanarse, acobardarse' (p. 250), cuando el uso se ha extendido ya al ámbito de las torpezas y equivocaciones que se dan como resultado no sólo de la cobardía, sino de la absoluta temeridad. Un estudio dirigido por dos profesores de la Universidad de San Agustín determinó que en el ámbito de la equivocación el verbo quincearse tenía una proporción de uso del 12.5% frente al 38% del también coloquial paltearse, entre otras expresiones equivalentes, por lo que tiene un uso menos extendido, tal vez por ser más reciente.[2] Al menos no se registra en la prensa peruana.

En el texto de la noticia hay otros descuidos, principalmente en el uso de los signos de puntuación, el queísmo del primer párrafo: "estamos seguros que este empreador ha nacido en Piura", y especialmente el uso de los tiempos verbales: "Sinceramente yo pensé que la agresión física de un funcionario público tuviera repercusiones" (en lugar del condicional: tendría), y al contrario: "Si las cosas se resolverían así, a patada limpia" (en vez de, ahora sí, el imperfecto de subjuntivo: se resolvieran).

Todos podemos cometer errores, pero con un poco más de cuidado (y menos agresividad) el comentario hubiera tenido una mayor fuerza persuasiva y, sin duda, ayudaría también a mejorar y calmar la situación misma de la ciudad que tan fervientemente defiende.

NOTAS:
[1] Ver Julio Ramón Ribeyro, La palabra del mudo, Lima, Milla Batres, 1989, pág. 126.
[2] Ver Claret Cuba y Cárol Deglané, Variantes léxicas en los estudiantes de las Universidades UNSA y UNMSM. Biblioteca digital de la Universidad de San Marcos.

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