lunes, 11 de agosto de 2008

Epidemia de queísmo


El conocido DEQUEÍSMO es una incorrección que se está extendiendo sobremanera en todo el español. Consiste en confundir el objeto directo con el suplemento, y así se emplea la preposición “de” con verbos transitivos que en una oración simple nunca lo emplearían: *Nos prohibió de que entráramos. Nunca decimos: *Nos prohibió de esto. Así tampoco son correctas las oraciones:

(1) *Nos explicaba de que en la industria se halla el progreso.
(2) *Dile de que está cansado
(3) *Piensa de que suspenderá el examen.

Porque no decimos: *Nos explicó de ello. *Dile de eso. *Piensa de esto. Tales verbos tienen un régimen gramatical que exige la presencia de un objeto directo en su estructura argumental (son transitivos como decía la gramática tradicional). Es una función que puede verse reprsentada por el pronombre “lo”: Lo explicaba, Lo dice, Lo piensa, y no admite preposición “de” en ningún caso. Este dequeísmo es una construcción vulgar (muy extendida en todo el mundo hispánico) que debemos evitar a toda costa. Se produce por confusión con algunos verbos (entre ellos los de voz media). Estos efectivamente exigen suplemento, y suelen pedir la preposición “de”:

(4) Me burlé de que tenía hambre.
(5) Habló de que la guerra terminaría pronto.
(6) Trataremos de que esto no se repita.

Efectivamente decimos: Me burlé de su hambre. Habló del fin de la guerra. Trataremos de ello. Son verbos que se construyen con un complemento preposicional que Lázaro Carreter bautizó como suplemento. En el Perú se corrige con frecuencia del dequeísmo, sobre todo en el habla culta, pero por un exceso de celo, en numerosos casos, se comete un error en sentido contrario quitando la preposición de en frases como (4), (5) y (6) y casi nunca se corrige esta forma de ‘ultracorrección’ que llamamos QUEÍSMO.

Como no es sentido como error o incorrección lo encontramos en muchos ejemplos de obras literarias de escritores de reconocido prestigio como Ribeyro, Scorza o Vargas Llosa: “Hizo entonces una lista de lo que le faltaba y se dio cuenta que le faltaba todo.”[1] “No se percató que el doctor Montenegro no se dignaba probar ni una hilacha...”[2] “¿Estás seguro que no es alcohol de cuarenta, primo?"[3]

Está claro que la confusión entre el suplemento y el objeto directo se establece porque son sintagmas semánticamente equivalentes, aunque difieran sintácticamente. Ambas funciones restringen de la misma manera el significado del verbo. Asimismo, hay una tendencia en español a dotar a la conjunción que de una suerte de funcionamiento como de "conector universal", lo que también estaría coadyuvando a esta confusión y la hace más explicable.

Un buen periodista, sin embargo, debe saber un poco más de gramática para no cometer errores como éste. Por el bien del idioma.

REFERENCIAS:

[1] Julio Ramón Ribeyro, La palabra del mudo, Lima, Milla Batres, 1989, pág. 207. Otro ejemplo en pág. 162: “Memo escuchaba estas palabras sin inmutarse, pero terminó por darse cuenta que eran el inicio de hostilidades muchísimo más sutiles.” Y en pág. 67:“me di cuenta que estaba todo mojado.”
[2] Manuel Scorza, Redoble por Rancas, Lima, 1970, pág. 43.
[3] Mario Vargas Llosa, La casa verde, Barcelona, Argos-Vergara, 1979, pág. 64.

1 comentario:

Petete Furioso dijo...

Hola. Felicidades por su blog. Me gustaría compartir mi indignación con la lectura del Premio Nobel, El sueño del celta, de Vargas Llosa. Me parece increíble la gran cantidad de queísmo en esta obra y, en general, en Llosa. Por no hablar de la utilización de los pronombres le y lo. Indignado.