lunes, 11 de agosto de 2008

Promedios poco matemáticos


Los números y las letras parecen enemigos irreconciliables, pero no tanto pues todos los conceptos y operaciones matemáticas pueden decirse en palabras, por esa extraña efabilidad por la que las lenguas pueden expresar, en principio, cualquier aspecto de la realidad, salvo que la ignorancia o la incompetencia lo impidan…, aunque tal vez las palabras no basten realmente para expresar “aquella sacudida de mi corazón” de la que hablaba César Vallejo en Más allá de la vida y de la muerte.
Así que puedo decir en palabras que la raíz cuadrada de nueve es tres, o expresarlo mediante símbolos y signos que constituyen una formalización internacional (que debe mucho, por cierto, a los sabios hindúes). Mas si bien los números se rigen por propiedades naturales inalterables, las palabras son convenciones totalmente inermes frente a la inexorabilidad del cambio y es la misma arbitrariedad que las expone a ello lo único que a la vez las defiende, puesto que si no hay razones para llamar “dos” a la suma de uno más uno, no hay tampoco ningún motivo para dejar de hacerlo.
En la lengua común todo puede pasar y así entendemos por qué el verbo “promediar” ha venido a adquirir en todo el Perú (tal vez también en otros países) significados muy distintos a la acepción numérica recogida en el diccionario: ‘determinar el promedio’, es decir, el ‘término medio’ entre dos o más cantidades. Tampoco se explican por el sentido que se le da al término en la lengua común de ‘repartir algo en dos partes’ o, dicho de un periodo de tiempo, ‘llegar a la mitad’.
Así pues, al lado de expresiones matemáticas como “el promedio que calculamos en el índice de precios”, encontramos con obsesiva frecuencia frases como “al promediar las 6.00 de la mañana”, “al promediar las 10:30 de la noche”, que son ubicaciones temporales tan precisas que no permiten hallarles ningún promedio, y es ya una locución preposicional, que significa “aproximadamente a [las tales o cuales horas]”. Sólo así se explicaría este texto: “fueron llamados a la base central del programa al promediar el mediodía”, que encontramos en un medio local. Y es que en ningún otro sitio se puede “promediar” lo que ya está en el justo medio del espacio temporal del día.
Pueden encontrarse multitud de ejemplos similares en toda la prensa nacional, con las horas dichas igualmente en cifras o en letras: “al promediar las 11 de la mañana”; “al promediar la una de la tarde”; “al promediar las 05:30 a.m.”; “al promediar las 20.45 horas, o “al promediar las 07.00 horas”. Matemáticamente hablando todas esas expresiones serían absurdas.
La explicación de este imposible matemático proviene de la frecuencia con que se dan promedios “aproximados” en los informes estadísticos que trasmite la prensa. Para no aburrir al público con cifras llenas de decimales se emplean formas aproximadas o promedios redondeados: “aproximadamente, el 2,5% de la población”, “demora una media de dos años”, “como promedio, transcurren cinco años”, etc. El sustantivo “promedio” acaba adquiriendo el significado del término restrictivo “aproximado” y la locución “al promediar” termina indicando “proximidad” a cierto momento temporal. Así también se aplica a cantidades más o menos redondas para indicar el total aproximado de algo: “Con un promedio de cien intervenciones quirúrgicas de alto nivel”, indica así un rotativo piurano no un promedio mensual o anual de intervenciones. Se trata en realidad de que “hasta el momento” se han realizado (en total) algo más de cien operaciones.
Lo que constituye un error se convierte en un cambio cuando la mayoría de los hablantes lo aceptan y lo usan, y alcanza a la norma de un espacio lingüístico. Habría que indagar en qué momento se inició el cambio, pero da la impresión de que fuera una expresión más bien reciente, y todavía no está del todo aceptada la expresión. Su origen estriba no en la acepción matemática del término, sino en su uso común como punto medio de un espacio de tiempo. En un relato del regionalista José Vicente Rázuri (1952), encontramos el término todavía a medio camino entre el sentido general y la nueva acepción: “Al promediar la primera decena del presente siglo”. De ahí no hay grandes dificultades para que un corrimiento semántico lleve a decir “aproximadamente” en lugar de “a mediados”.
Es justamente el inquieto lenguaje periodístico el que crea esta locución preposicional, equivalente a “en torno a” que encontramos todos los días en las noticias locales o nacionales, lo que indica el poder creativo que tienen los medios de comunicación y su gran responsabilidad para con el idioma. De ahí que no lo encontraremos tan fácilmente en el habla común, aunque finalmente terminará contagiándose hasta aceptarla como una innovación más.
Otro cambio que se anuncia en el verbo “promediar” afecta a su régimen gramatical, puesto que pasa de ser meramente transitivo a comportarse como verbo inacusativo en casos como “una economía con salarios que promedian 17 dólares mensuales”.
No sabemos si el uso noticioso proviene de la fuente cubana o de la redacción local, pero igual sólo importa ahora reconocer que la cifra se convierte no en el resultado sino en el objeto del promedio. Las matemáticas no engañan, pero mucho cuidado con las palabras, que son invenciones culturales y por ende, sí que son (más de lo que uno pudiera creer) bastante caprichosas.

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